domingo, 5 de junio de 2011

Historia de un montaje

Quienes nos ponemos al lado de la izquierda, en la sociedad chilena, tenemos la convicción de que son valores sagrados la verdad, la justicia y la inclusión social. Luchamos a diario por que estos valores sean respetados, es más, no pocos estamos dispuestos a pelear en cualquier lugar, fecha y oportunidad por esta ineludible causa, y estamos dispuestos a utilizar todas las formas de lucha necesarias para lograr tan noble objetivo.


 Esto, que para muchos no es gran novedad, sí es elemento de discordia y enfado para los sectores más recalcitrantes de nuestro país y otros tantos de nuestra América morena. Hoy, en un fallo similar a los que por televisión veíamos en la dictadura, la Exc. Corte Suprema –en fallo dividido- ha vuelto a fojas cero un proceso que solicita la extradición de Manuel Olate Céspedes a Colombia, so pretexto de responsabilizarlo de “financiar” a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – Ejército del Pueblo (FARC-EP).

La causa, impulsada por el estado colombiano y más que representada por el Ministerio Público de nuestro país, solicita la extradición de un connacional que, por haberse entrevistado con el Comandante Raúl Reyes sólo diez días antes de su vil asesinato en suelo ecuatoriano, se le acusa, ficticiamente, de ser financista de las FARC, es más, hasta seudónimo le han puesto: “Roque”.

Luego de estar meses injustamente detenido, tanto en la cárcel de Alta Seguridad como en su propio domicilio, el Juez Juan Muñoz determinó que no existen razones fundadas para llevar a un chileno ante los tribunales colombianos y, luego de un fallo de lujo, que no deja espacio a la duda, sus colegas, los Excs. Ministros de la Corte Suprema, se han fijado más bien en un asunto de forma y no de fondo! anulando el proceso por cuanto “no se realizó de la forma simple que debía y se utilizó, más bien, un juicio similar al oral”.

He seguido el caso de Manuel, es más, declaré en el mismo y ciertamente doy fe que el fiscal poco o nada sabía sobre lo que alegaba. Tengo la convicción que se trata de un montaje, de la necesidad del gobierno colombiano de asegurar su excelente relación con el gobierno chileno. Por las venas de ambos gobernantes corre coca-cola, suministrada directamente por el imperio norteamericano.
No obstante lo anterior, creo que la situación es más compleja aún pues, a mi entender, no se trata sólo de si Manuel es o no “Roque”, sino más bien, se trata de apagar cualquier intento de rebelión, cualquier atisbo de lucha contra el establishmen, el status quo, y peor si se trata de internacionalizar la resistencia. No señor, eso no está permitido por el imperio.

En la hermana República de Colombia se libra, por más de 40 años, una guerra civil, encarnizada, violenta y cuya única salida posible es la salida política. Se ven enfrentadas allí dos cosmovisiones (al decir del Profesor y abogado Nelson Caucoto), se enfrentan dos visiones de mundo antagónicas. Por una parte la oligarquía y los ricos y, por otra, las fuerzas rebeldes y revolucionarias que, hasta los “atentados” de las torres gemelas eran consideradas fuerzas beligerantes.

Se trata de una guerra, sí, justa o no es otro asunto, pero una guerra entre fuerzas beligerantes, no peores que las que impulsan los norteamericanos fuera de sus fronteras, pero tampoco mejores. Allí luchan, por una parte, guerrilleros revolucionarios que, en sus áreas de influencia, construyen caminos y levantan escuelas, mientras que por el otro bando, está el ejército colombiano apoyado por las milicias reaccionarias y mercenarias que son financiadas por los millonarios de ese hermoso país y que, a punta de moto sierra matan, despojan y desplazan a millones de campesinos, muchos de ellos mueren en los llamados “falsos positivos”, matanzas en las cuales visten a las víctimas con uniformes de guerrilleros para cobrar una espuria recompensa.

 Así es esa guerra. Si no sabemos más de ella es por que a las oligarquías no les interesa informar que la batalla la pierden en cada combate.

Quizás en otro artículo pueda desarrollar más lo que son las FARC-EP, pero lo cierto es que nunca han secuestrado y matado a mansalva, menos a diputado alguno en el parlamento. Don Nelson Caucoto, al menos, se equivoca en esa acusación que hizo en clases la mañana del miércoles 30 de marzo. Lo más cerca a ello es la muerte de 11 legisladores en la selva, producto de un fallido rescate del ejército y que, bien vale decir, fueron los responsables de dichas muertes lamentables. Al menos así lo dejó claro la investigación y los familiares.

Entonces, volviendo, el punto no es sólo si se extradita a Manuel Olate, o si el proceso está en regla o no, de lo que se trata, y he ahí lo peligroso, es de si es posible o no solidarizar con una lucha, justa y necesaria; si es de perseguir a aquel que lucha por la paz; o es de encarcelar a aquellos que son llevados a las armas para proteger la dignidad humana. Se trata de una cuestión no fácil pues, en estas tres semanas de estudio del derecho, ha quedado claro que las leyes las hacen los vencedores, en función de asegurar sus prebendas y privilegios. Al menos yo, mis queridos compañeros, no estoy disponible para ser un ciervo más que defienda a los poderosos, me educo, y en esta universidad en particular, para tener las herramientas que me faciliten la lucha contra las injusticias que les he contado más arriba.

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